No estás mal. Pero tampoco estás avanzando.
Cuando estar bien empieza a ser una trampa silenciosa
Hay algo que no encaja.
Y no es evidente.
No es un problema grande.
No es una crisis.
De hecho, si lo miras desde fuera…
todo parece estar bien.
Estás más tranquilo.
Más en calma.
Menos cansado.
Y aun así…
no avanzas.
Aquí es donde casi todo el mundo se confunde.
Porque creemos que si ya no duele,
todo está bien.
Pero no.
No todo lo que calma… te hace avanzar.
Hay un punto en el camino en el que dejas de luchar.
Y eso está bien.
El problema es cuando también dejas de moverte.
Empiezas a decirte cosas como:
“Ahora no es el momento.”
“Ya veré más adelante.”
“Estoy mejor así.”
Y puede que sea verdad.
Pero también puede ser otra cosa:
que te estés quedando donde ya no debes estar.
Porque el estancamiento no siempre duele.
A veces se siente como descanso.
Y ahí está el peligro.
No te estás frenando por miedo.
No te estás bloqueando por incapacidad.
Te estás quedando… porque estás cómodo.
Y eso cuesta más verlo.
Porque no hay urgencia.
No hay presión.
No hay nada que te obligue a moverte.
Solo una sensación.
Pequeña.
Silenciosa.
Persistente.
Que dice:
esto no es todo.
Y esa sensación… no desaparece.
Puedes ignorarla.
Puedes taparla.
Puedes acostumbrarte.
Pero no se va.
Porque no estás mal.
Pero tampoco estás avanzando.
✨
Si este texto ha resonado, no lo dejes pasar.
Suscríbete a El Camino Creador y sigue profundizando en lo que ya sabes… pero aún no estás sosteniendo.



