Nacemos Carne
Del deseo al centro: una iniciación que no se explica, se vive.
Nacemos carne para hacernos verbo.
No al revés.
Tú no naciste verbo.
Naciste carne.
Cuerpo, pulso, respiración, límite.
Y sin embargo, algo en nosotros empuja a decirse,
a nombrarse,
a tomar forma consciente.
Cuando la carne se vuelve verbo
—cuando lo vivido se vuelve palabra encarnada—
hay iniciación.
No por saber más,
sino por habitar lo que ya está.
El samudaya del dukkha es tanhā:
el deseo que se aferra,
la tensión por ser otra cosa,
el empuje que no descansa.
Cesa con nirodha.
No luchando,
no negando,
sino soltando.
Y el camino no es un extremo ni el otro.
El camino es madhya:
el centro vivo,
el lugar donde no huyes ni te rigidizas.
Maya no es un error.
Es el velo.
El escenario.
No se combate.
Se atraviesa.
La iniciación no ocurre cuando entiendes esto.
Ocurre cuando tu vida empieza a caminar desde ahí.



