La ilusión no te la va a dar nadie
Nadie va a venir a ponerla en tus manos. Tienes que crearlo tú.
La ilusión no te la va a dar nadie.
Esta frase puede parecer dura al principio, pero no lo es.
Es una frase que despierta.
Porque durante mucho tiempo podemos vivir esperando que algo externo nos devuelva la ilusión: una noticia, una oportunidad, una persona, una señal, una puerta que se abra sin esfuerzo.
Esperamos que la vida venga a encendernos.
Esperamos que alguien nos confirme que merece la pena.
Esperamos tener ganas antes de empezar.
Esperamos sentir claridad antes de movernos.
Pero muchas veces no funciona así.
Muchas veces la ilusión no aparece antes del camino.
Aparece dentro del camino.
No llega siempre como una chispa perfecta que cae del cielo.
A veces nace después del primer paso.
Después de una decisión pequeña.
Después de una acción sencilla.
Después de volver a intentarlo aunque todavía no tengas todas las respuestas.
Hay una trampa muy común: creer que necesitamos ilusión para crear.
Pero muchas veces necesitamos crear para volver a sentir ilusión.
La ilusión no siempre es el punto de partida.
A veces es la consecuencia de haberte puesto en movimiento.
Por eso esperar a “tener ganas” puede convertirse en una forma muy elegante de quedarse quieta.
Esperar a estar preparada puede ser otra forma de aplazar la vida.
Esperar a que alguien venga a ponerte algo en las manos puede convertirse en una renuncia silenciosa a tu propio poder creador.
Nadie va a venir a ponerla en tus manos.
No porque no haya personas que puedan acompañarte.
No porque no puedas recibir apoyo.
No porque tengas que hacerlo todo sola.
Sino porque hay una parte del fuego que solo puedes encender tú.
Hay una decisión que nadie puede tomar por ti.
Hay un paso que nadie puede dar por ti.
Hay una forma de presencia que no se delega.
Hay una vida interior que no puede depender siempre de lo que venga de fuera.
Crear no siempre empieza con entusiasmo.
A veces empieza con cansancio.
A veces empieza con duda.
A veces empieza con una voz pequeña que dice: “hazlo igualmente”.
A veces empieza sin aplauso, sin seguridad, sin resultados visibles.
Y aun así, empieza.
Porque cuando empiezas, algo se ordena.
Cuando haces, algo se despierta.
Cuando sostienes una acción pequeña, tu energía empieza a reconocerse de nuevo.
No necesitas tenerlo todo claro para moverte.
No necesitas estar completamente inspirada para crear.
No necesitas esperar a que el mundo te dé permiso.
La ilusión también se construye.
La ilusión también se entrena.
La ilusión también se protege.
A veces se crea escribiendo una página.
A veces grabando un vídeo imperfecto.
A veces poniendo una idea en voz alta.
A veces cumpliendo contigo aunque nadie lo vea.
A veces eligiendo no abandonar lo que sabes que tiene sentido para ti.
Y entonces ocurre algo: no es que la ilusión aparezca mágicamente antes de empezar, sino que empieza a alcanzarte mientras caminas.
Por eso esta frase no es una sentencia fría.
Es una devolución de poder.
La ilusión no te la va a dar nadie.
No para dejarte sola.
Sino para recordarte que todavía puedes crearla.
No esperes a que alguien venga a encenderte desde fuera.
No esperes a que todo esté perfecto.
No esperes a sentirte completamente preparada.
Empieza.
Con lo que tienes.
Desde donde estás.
Con la claridad que haya hoy.
Con la energía que puedas sostener ahora.
Porque a veces la vida no cambia cuando llega la ilusión.
A veces la ilusión llega cuando decides volver a crear tu vida.
No has venido a encajar.
Has venido a crear.
Mari Paz
El Camino Creador



