🪶El silencio que me devuelve a casa
El silencio no solo es vida.
El silencio también es verdad, paz y cobijo.
Mis horas de soledad son para mí un ritual sagrado:
espacios donde me encuentro conmigo,
donde puedo observar a mi alrededor,
como si fuera la protagonista de una obra que no va conmigo.
Observo paisajes, personas que pasan,
conversaciones que se cruzan al azar.
Todo es ruido.
El mundo habla y habla sin cesar.
Y muchas veces me pregunto:
¿no será todo ese ruido una forma de tapar lo que bulle en las profundidades de la mente?
Porque sí, hay ruido dentro también.
Hay vaivenes que nos llevan y nos traen como el mar.
Hay desasosiego en la sociedad,
y para no escucharlo, nos lanzamos a hablar,
a emitir juicios, justificaciones,
a sentenciar con opiniones apresuradas.
Pero el silencio me devuelve a mí.
Me devuelve a casa.
Me coloca en el centro de mi existencia.
Solo en silencio puedo ver con claridad
mis voces, mis miedos,
las ideas que otros sembraron en mí.
Y solo en silencio puedo dejarlas pasar,
como nubes que cruzan el cielo.
Por eso la palabra silencio reina en mis poemas.
Porque en él renazco, me renuevo.
Porque hacia él quiero ir, amorosamente.
El silencio me acompaña
como se acompaña a un ser querido:
con infinita paciencia,
escuchando sin necesidad de apropiarse de nada.
Solo desde el silencio puedo escuchar, sentir, y finalmente, escribir mis propias palabras.
✨ Actividad práctica
Dedica 10 minutos al día a un silencio consciente.
Apaga el ruido exterior y simplemente observa:
¿Qué voces aparecen en tu interior?
¿Qué pensamientos pasan como olas?
¿Qué queda cuando no reaccionas, solo escuchas?
Escribe una sola frase que resuma lo que descubriste en ese silencio.
Ese será tu mapa interior.
Cierre
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