Hay algo más fuerte que nosotros.
Algo que rige nuestra existencia desde lo más profundo sin que, muchas veces, nos demos ni siquiera cuenta.
Nos creemos libres.
Libres para opinar.
Libres para decidir.
Libres para actuar según nuestros valores y nuestras convicciones.
Pero esas convicciones y esos valores vienen de un entramado difícil de entender.
Y creo que la mayoría de las personas ni siquiera se lo han preguntado.
Nos rige, en gran parte, el inconsciente.
Y ese inconsciente está formado por una gran cantidad de identificaciones precipitadas, por vivencias pasadas y por muchas variables que forman parte de nuestra existencia.
Tu lugar en la familia.
Tu país.
La religión.
La política.
El entorno en el que has nacido.
Las personas que te rodean.
Todo va dejando algo.
Somos, en parte, un precipitado de vivencias, circunstancias, emociones, aprendizajes e identificaciones que se han ido depositando dentro de nosotros.
Y después vivimos desde ahí.
Pensamos desde ahí.
Reaccionamos desde ahí.
Decidimos desde ahí.
Yo misma habría pensado seguramente de otra manera sobre el dinero o sobre la riqueza si hubiera nacido en un entorno familiar con mayor abundancia económica o con otra posición.
Habría pensado de otra manera sobre la religión si hubiera nacido en otro país, rodeada de otras creencias.
Quizá habría entendido de otra forma las relaciones si a mi alrededor hubiera habido otras situaciones o si hubiera crecido bajo otros valores.
Según dónde naces, vas estableciendo qué está bien y qué está mal.
Qué puedes hacer y qué no.
Qué es aceptable y qué no lo es.
Incluso qué puedes comer y qué no.
Y lo más curioso es que muchas veces ni siquiera nos lo cuestionamos.
Porque lo más difícil de ver no siempre es aquello que está escondido. A veces es aquello dentro de lo que has vivido siempre.
Entonces, ¿Cómo sentir que de verdad decides tú?
¿Cómo saber qué es realmente tuyo y qué forma parte de todo aquello que tu yo ya trae implícito?
Para mí, ahí empieza el reto.
Lo primero sería mirar tu vida.
Mirar qué te rige.
Mirar tu entorno más cercano.
Hacer un mapa de tu existencia.
Mirar tu país y preguntarte qué lo rige.
Qué marco existe en la política.
En la religión.
En la cultura.
Mirar tu familia.
Tu trabajo.
Las personas cercanas.
Y mirar tu posición ante todo ello.
Preguntarte:
¿Qué hilo conductor hay que une todo esto?
Y empezar a tirar de ese hilo.
Un hilo que puede ser tan difícil de sujetar como incómodo de mantener.
Porque al tirar quizá empieces a entender por qué haces lo que haces.
Por qué reaccionas como reaccionas.
Por qué piensas como piensas.
Por qué tomas determinadas decisiones.
O por qué hay situaciones que terminan llevándote una y otra vez al mismo lugar.
Quizá descubras que algunas cosas que considerabas completamente tuyas fueron aprendidas.
Que algunas formas de reaccionar tienen una historia.
Que determinadas creencias nunca las habías cuestionado.
Que algunas decisiones que considerabas totalmente libres estaban condicionadas por algo que venía de mucho antes.
Y entonces también cambia la idea de conocerte.
Conocerte quizá no consista solamente en descubrir quién eres, sino también en descubrir qué cosas has llamado «yo» sin haberlas elegido nunca.
Pero esto no significa que no podamos decidir.
Para mí, la libertad está precisamente ahí.
La libertad empieza cuando, aun decidiendo lo que decides, eres consciente de por qué lo decides y eres libre para cambiar tu decisión o no.
Puedes mirar aquello que te ha construido y decidir mantenerlo.
O puedes cambiarlo.
Pero ya no es lo mismo.
Porque ahora lo estás viendo.
Y quizá la verdadera libertad no consista en haber elegido todo aquello que te construyó.
Quizá empiece cuando eres capaz de verlo y decidir qué quieres seguir sosteniendo.
En el artículo anterior hablábamos de coger el timón y decidir hacia dónde queremos ir.
Pero quizá antes de coger ese timón haya que mirar el mapa.
Preguntarnos qué nos rige.
Encontrar el hilo.
Y tirar de él.
Porque solo entonces podemos empezar a comprender por qué estábamos navegando hacia donde estábamos navegando.
Para continuar
[El poder de decidir desde dónde entras en la vida]
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A veces la libertad empieza simplemente cuando entiendes por qué decides lo que decides.



