🌿 Cuando dejo que la escritura respire
A veces no quiero escribir un libro. Solo escuchar lo que quiere decir el silencio.
Ayer llegué a casa después de un día largo.
No quería escribir un capítulo.
No quería pensar en estructuras, ni en índices, ni en páginas.
Solo quería sentarme un momento y dejar que las palabras aparecieran, si querían hacerlo.
A veces ocurre algo curioso cuando uno se permite eso.
Cuando la mente deja de intentar construir, explicar o enseñar, empiezan a aparecer palabras de otro lugar.
No llegan como ideas ordenadas.
Llegan como imágenes.
Una mirada.
Una cicatriz.
Una raíz.
Un silencio.
Pequeñas palabras que parecen simples, casi frágiles, pero que traen consigo algo vivo.
Mientras escribía, me di cuenta de algo que quizá siempre estuvo ahí.
Cuando me suelto y dejo que la escritura respire, mis palabras siempre vuelven al mismo lugar.
Al amor.
A veces es el amor hacia otra persona.
A veces es el amor hacia la vida.
A veces es ese amor silencioso que sostiene el camino incluso cuando uno no sabe muy bien hacia dónde va.
Es curioso cómo funciona la escritura cuando no la forzamos.
No aparece como un discurso.
Aparece como pequeñas semillas.
Palabras que caen en el papel sin hacer ruido.
Palabras que quizá un día crezcan en algo más grande.
Por eso, cuando dejo de intentar escribir un libro y simplemente escucho lo que quiere decir el silencio, empiezan a aparecer estos pequeños fragmentos.
No son capítulos.
No son explicaciones.
Son otra cosa.
Pequeñas semillas.
🌿 Semillas del Camino.
Y quizá lo más bonito es que nacen siempre igual:
cuando uno deja de empujar la escritura y permite, simplemente, que su voz respire.
🌿 Si estas palabras han resonado contigo, puedes suscribirte a El Camino Creador.
Aquí comparto reflexiones, símbolos y aprendizajes que nacen de la vida misma,
para quienes sienten que su camino no es encajar… sino crear.



