Habitar el cuerpo, hackear el ruido nace de la necesidad misma de atenderse en lo más profundo, de la necesidad de traspasar el umbral de lo cotidiano, del automatismo, a la presencia.
Llega un momento en que por fin te das cuenta de que avanzar no es mejorar, que producir no es dar un paso más ni estar a la altura de lo que llamamos circunstancias.
Hay otro lugar, otro modo, donde cambias tu posición interna.
No para detenerte.
No para dejar de tener objetivos, sueños o proyectos.
Cambias tu posición interna para tomar otro camino y actuar de otro modo.
Y no siempre significa cambiar aquello que estás haciendo. Muchas veces lo que cambia es la manera en la que estás dentro de eso que haces, cómo respondes, qué escuchas y cuánto de ti estás dejando fuera mientras sigues avanzando.
Es a través de la presencia y la escucha deliberada de tus ruidos internos, y también los del mundo, desde donde puedes observar qué te está frenando, desde donde puedes darte cuenta de la razón de tu malestar, físico o emocional, donde puedes ver desde dónde vienes y hacia qué estás yendo.
A veces creemos avanzar tomando los atajos que nos llevan a desestabilizar nuestro interior.
Y esos atajos no siempre se ven como algo negativo. A veces parecen precisamente lo más fácil, lo más rápido o incluso lo que se espera de nosotros. El problema es cuando para seguir por ahí tienes que dejar de escucharte una y otra vez.
No hay mejor avance que el que se realiza desde un punto donde no tienes que buscar nada ahí fuera, porque tu empuje nace dentro.
Con más presencia.
Con más verdad.
Y con más fuerza.
Esta idea la desarrollo en mi libro Habitar el cuerpo, hackear el ruido.
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Mari Paz · El Camino Creador




